domingo, 5 de febrero de 2012

11-03-2007

Y ya parece caer encima el invierno, y como por prodigio del tiempo, a nuestro cambio nacional de horario se le dio la bienvenida con un oscuro y llovido día, y la verdad ya no sé si siga lloviendo o si vuelva a hacer calor, ni idea, pero como sea, ya estamos adentrándonos en el invierno, y aunque muchos lamentan este suceso, a mí me deja bastante agradado.

El día de hoy, es de esos días en que la nostalgia crece por montones, quizás por el mero hecho de que los sucesos más importantes o bien la mayor cantidad de éstos han sucedido en ambiente similar, quizás porque todos aquellos deseos y ahelos, aquellos lamentos y sonrisas que alguna vez dejamos volar junto al vapor no percibido de una mañana, vuelve a caer sobre nuestras cabezas, quizás porque la lluvia nos canta sobre el pasado, en lo personal, porque nunca me sentí más vivo que en los dos últimos inviernos; cuando se sufre con nobleza las alegrías son percibidas también con más potencia, y las ilusiones muchas veces nos acompañan entre nuestras sombras.

Quizás eso mismo sea un contra en lo futuro, puesto que rara vez me siento tan afectado como me ha sido los últimos meses y un cambio drástico en mi sistema de vida, en lo que buena parte se lo voy a adjudicar al cambio a la Universidad, cosa extraña considerando que alguna vez me cambié de colegio, amigos y casa casi por golpe y no sentí afección alguna, es increíble lo que se cambia con el tiempo... y es hermoso.

La ley de la alquimia dice por punto básico que para obtener algo he de darse algo a cambio, es como aquella frase que da por posible la posesión de todo en la vida, pero nunca al mismo tiempo, hecho que sería tremendamente justo si uno cambiase a voluntad las cosas y lo supiese antes del cambio de "bienes".

La existencia misma acaba cuando mueren los sentimientos, la vida carece de sentido cuando se pierde todo anhelo posible, por el hecho de que aunque todos por naturaleza desean ser felices, hay momentos en que todas las razones posibles de esta felicidad se desvanecen, y aunque condicionar la felicidad es una tontería, dejar de desear y soñar es más cruel que el suicidio mismo.

Volvería entonces por entre el tiempo
viajando a el día en que entendí
la honesta razón de mi existir
para quedarme justo ahí, viviendo
cuando creía que iba a morir.

Pues de la pasión nace la vida
y por ella es que eterno es
el recuerdo de un alma noble,
el latido de un corazón.

Porque de amor nacemos, oh hijos, 
y por amor debemos vivir
y si de odio y amor se mata
os invito entonces a existir.

Hay un guiño en cada buen acto, no se trata sólo de actuar, sino de construir en la vida, eslabones para atrapar, los sentimientos y deseos que de tu pecho nacen, tanto aquellos que a tu pecho van a vivir.

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