-El otro día caminaba entre el pasillo
de mis recuerdos… y encontré un par de plumas que de seguro eran tuyas.
-Recuerdo bien, en ese entonces volaba
demasiado, demasiado alto, demasiado lejos de ti.
-¿Cuánto es demasiado para un Ángel?
-Es solo que debería haberte protegido
en todo instante.
-Pero aún así, nunca he dejado de
sentir el la brisa de tu paso junto a mí, y creo que siempre me has acompañado,
nunca he perdido la sombra de tu vuelo de mi vista.
-Ya no más, ya no más, estas alas son
para elevarte a ti, para abrigarte y nada más, dicen… dicen que nací para
protegerte, pero ahora soy yo quien te necesita, tarde aprendí lo tanto que los ángeles podemos amar… y me temo… que mi corazón también se puede romper… como
cuando pienso que muchas veces no he sido quien debería, cuando pienso que
necesito serlo… en ti.
Sus alas se erizaron y pareció el
gigante, sabiendo él que se sentía asombrosamente diminuto al lado de ella, sus
ojos arrojaron aquellas lágrimas de ángel, aquellas que se congelan mientras
caen… ¿Cuánto frío guarda un alma que ha vivido tantas veces sola?.
-Nunca… nunca te había visto así.
-Porque cada día me siento más fuerte…
pero, ¿Cómo puedes tu vivir sin mí?, si cada día te necesito más, si cada día
te amo más; ¿Sabes?, recuerdo cuando vivía entre los dorados caminos
celestiales, me sentí tan perdido cuando me encontré con este mundo, nada se
parecía a lo que mi alma buscaba… hasta que te conocí… mi protegida… en tus
ojos encontré mi hogar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario