domingo, 5 de febrero de 2012

05-05-2007


La capacidad analítica e interpretativa está íntimamente ligada con el conocimiento presente en dicha concepción. Nadie puede mencionar con propiedad que entiende algo, si en el momento de recepción del mensaje, la información poseída sobre el asunto en cuestión es escasa, si su contextualización es vaga, es más, si su empatía está someramente desarrollada; nadie puede leer un libro y captar su verdadero mensaje si lee sólo páginas presentadas en forma caótica, y peor aún, si cree comprender todo mediante una minimización producida por una persona completamente externa a la obra original, algo lamentablemente común.

Esto es, entonces, aplicable al conocimiento y comprensión de una persona, a la cual si no se le conoce en todos los aspectos, no se le puede juzgar entonces en todo aspecto, un conocimiento vago no puede implicar más que una presunción vaga si no se quiere incurrir en errores, y aunque pareciese algo lógico y casi evidente, desde el otro lado del prisma muchos pueden descubrir lo triste que es una incomprensión de esa índole, y más aún porque muchas veces dicha acción se gesta carente de cualquier sentimiento nocivo y no es más que una de las tantas perfectibles representaciones de la naturaleza humana.

Pero si de métodos comunes de obrar en el ser humano se trata, la incomprensión al verdadero artista y la valorización de obrar fútiles es una plaga que afecta infinitas mentes. Pues el cegarse a la verdad evidente es tan triste como no saber buscar más allá de la ceguera natural de todos nosotros, y cuan castigado es aquel que intenta quitar agresivamente el velo de las mentes, en cualquier tiempo y en cualquier contexto.

Y pensar que la verdad a veces está a la vuelta de una página...

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