Porque quizás algún día alguien me
entienda, entienda por qué quiero cambiar el mundo, y no solo comprendiendo la
forma de ser del mundo, sino comprendiendo la forma que tengo de sentir y
necesitar las cosas, quizás algún día alguien entienda por qué a veces bajo los
brazos pero sigo caminando.
Quizás algún día yo entienda por qué
esperé tanto de algunas personas, y eso nunca llegó, por qué cuando estuve más
indefenso y tenía que luchar, no hubo nadie que me cubriese la espalda y
dijese “moriría contigo”.
No soy orgulloso, rara vez me enojo
(aunque se diga otra cosa) y soy lo suficientemente comprensivo para no
sentirme ofendido, pero si esto es sobrepasado… No, entonces no puedo perdonar,
solo puedo pasar por alto, y posiblemente puedo arrepentirme, lo sé porque lo
he cargado tras años.
Hubo ciertas cosas mías que el mundo
consideró debilidades, y que yo protegía incansablemente porque me hacían
sentir mejor persona (aquella que creía que nadie era capaz de hacer algo con
la intención de causar daño), ciertas cosas que mataron.
…”y sin embargo yo corría de un campo
de batalla a otro, cubriendo sus espaldas, derramando mi sangre, muchas veces
sin que nadie lo supiese, sin que alguien quisiese saberlo”.
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(...)
-Hay personas que amo como nadie, hoy siento
que nunca seré una prioridad para ellos.
Él la abrazó cuanto podían sus brazos,
cuanto abrigaba su pecho, aferrado a la gota de razón que le quedaba, empapado
en el torrente de pasión que le arrastraba, y entregó esas palabras que
arraigaban toda una eternidad.
-Yo estaré aquí.
Trató entonces ese ángel femenino de
alejarse para mirar tras sus ojos, pero la forma en que él respiraba parecía
ser la brisa del único mundo en que ella se sentía cálida, y con ese poco de
aliento susurró..
-Pero las personas no pueden ser
reemplazadas.
Ese mundo de fortaleza apareció como
un niño quebradizo, como si el hombre hubiese sido destrozado, aunque ni en su
voz podía conocerse tanto dolor como entonces él sintió.
-Pero quiero que veas lo que veo yo,
quiero que ellos vean lo que he encontrado tras tus ojos, en tu voz, en tu
paso.
-¿Acaso me amas?
-No, de ser así, guardaría la
hermosura de tu alma celosamente, esperando cada amanecer para cuidarla, solo
haría eso, eso no es posible.
Pronunció esas palabras buscando aquellos
ojos, los mismos que ella cerró como si ya nunca volviese a abrirlos, entonces
la voz de él fue hermosa, y gritó sin desplazar un ápice de paz.
-Te amé, esto vivió mucho tiempo, y lo
conocí en el dolor de tu lento abandono, pero ahora, esta belleza sobrepasa mi
ser, y cada instante que hayas sufrido va a destrozarme lentamente, tan solo tu
puedes sanarme, déjame mostrarte que puedes ser feliz.
(...)

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