A veces... nos toca ser aquella mano
grande que todo lo puede para ayudar, a veces ser la mano pequeña que necesita
la fortaleza de un guía para llevar sus inocentes movimientos. Los hechos,
muchas veces me han obligado a olvidar lo que significa el segundo caso y
aunque la necesidad de aquel apoyo nunca escapa, se torna también necesario
sentirse capaz de contribuir a la felicidad de quien o quienes se ama
sinceramente.
Porque a veces es uno la gran alma, y
a veces aquel niño indefenso, y todo niño indefenso le teme a la oscuridad, a su
oscuridad.

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