domingo, 5 de febrero de 2012

02-11-2007


A veces... nos toca ser aquella mano grande que todo lo puede para ayudar, a veces ser la mano pequeña que necesita la fortaleza de un guía para llevar sus inocentes movimientos. Los hechos, muchas veces me han obligado a olvidar lo que significa el segundo caso y aunque la necesidad de aquel apoyo nunca escapa, se torna también necesario sentirse capaz de contribuir a la felicidad de quien o quienes se ama sinceramente. 

Porque a veces es uno la gran alma, y a veces aquel niño indefenso, y todo niño indefenso le teme a la oscuridad, a su oscuridad.

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