domingo, 5 de febrero de 2012

09-06-2007


Quizás uno de los errores humanos más emblemáticos y omnipresentes sea el constante exigir como justicia absoluta, la vivencia de determinadas condiciones y/o situaciones que jamás se han presentado en su vida, y a su vez debe ser el derecho más natural e inherente que podamos mencionar. Crear verdades en torno a un deseo, para luego creerlas, sin saber exactamente cuándo cesará este ir y venir de realidades e irrealidades hirientes en su evidencia tanto como en su engañosa naturaleza, si bien es natural el deseo de ser feliz, es parte de las almas y mentes más íntegras y acrecentadas desear por sobre todo la paz interior y el estado de conciencia pura, aquel que susurra que no importa cuan mal esté todo, nuestras manos no serán responsable de acto alguno de maldad..

La ira retenida suele ser tal y como la angustia y el pesar, susceptible a una expresión desenfrenada tras la sucesión de hechos ciertamente lejanos al origen mismo del sentimiento, puesto que todos tenemos un límite, y la tolerancia humana depende mucho del grado de alegría que seamos capaces de percibir, recibir y entregar.

A todos estos respectos es preferible, a lo menos en mi persona, la ausencia presencial parcial o completa mientras sienta que mis facultades mentales están tan alteradas como mi estabilidad anímica; puesto que ciertas determinaciones y acciones que en ciertos momentos puedo considerar válidas y aceptables, posiblemente sean un acto injustificable a la objetividad o bien la percepción de un tercero, y mientras entienda que puedo equivocarme gravemente, me alejaré en lo que mis recursos posibiliten.

Al menos tengo ahora las ideas bastante pulidas y aclaradas sobre muchísimos aspectos de mi vida y persona, y vuelvo a sentirme incapaz de hacerle daño a quienes quiero.

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