Siempre me ha parecido que las grandes
razones por las cuales una persona se decide a hacer una cosa en lugar de otra
a medida que pasan los pensamientos por su mente, son el anhelo y el deber; sea
el primer caso, siempre he sentido que la razón de desear hacer algo es la
esperanza de que dicho acto funcione en relación a lo buscado, o en otras
palabras, gracias a la ilusión. Sin embargo, cuando se trata del deber, se
complica todo en cuanto se piensa qué se debe hacer, qué se debe priorizar, y
para ser más estricto y claro, en torno a quién.
El sencillo hecho de que una persona
pueda ponerse de pie luego de algún tropiezo, ¿Es acaso razón suficiente para
que deba hacerlo?, y si no hay anhelos en ese respecto… creo en que se tiene el
derecho suficiente a decidir en algún momento quedarse sentado a la orilla del
camino, siempre y cuando no impida el “avance” de terceros (algo que está entre
las cosas que me sobrepasan).
Hace poco discutía respecto a que
siempre se dice que “no todo es blanco y negro, que hay un inmenso rango de
colorido entre ambos valores”, pero, sin embargo, se dice que uno al elegir algo
hace “bien o mal”, vaya a saber alguien tan joven como yo a cuál de las dos
cosas obedecer, debido a que no me parecen compatibles, aunque estoy seguro,
haciendo cita textual, que “…en este mundo muchas veces no basta con la
alternativa entre una cosa u otra. Los sentimientos y las maneras de actuar
tienen maticen tan múltiples…”
En definitiva lo más seguro es que lo
que hace que el anhelo y el deber se fundan de la mano, es la necesidad, un
alma libre debe soñar, necesita soñar.
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El insomnio me está haciendo pensar
tantas cosas, al punto que no me deja redactarlas como corresponde.

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