domingo, 5 de febrero de 2012

12-08-2008


Siempre me ha parecido que las grandes razones por las cuales una persona se decide a hacer una cosa en lugar de otra a medida que pasan los pensamientos por su mente, son el anhelo y el deber; sea el primer caso, siempre he sentido que la razón de desear hacer algo es la esperanza de que dicho acto funcione en relación a lo buscado, o en otras palabras, gracias a la ilusión. Sin embargo, cuando se trata del deber, se complica todo en cuanto se piensa qué se debe hacer, qué se debe priorizar, y para ser más estricto y claro, en torno a quién.

El sencillo hecho de que una persona pueda ponerse de pie luego de algún tropiezo, ¿Es acaso razón suficiente para que deba hacerlo?, y si no hay anhelos en ese respecto… creo en que se tiene el derecho suficiente a decidir en algún momento quedarse sentado a la orilla del camino, siempre y cuando no impida el “avance” de terceros (algo que está entre las cosas que me sobrepasan).

Hace poco discutía respecto a que siempre se dice que “no todo es blanco y negro, que hay un inmenso rango de colorido entre ambos valores”, pero, sin embargo, se dice que uno al elegir algo hace “bien o mal”, vaya a saber alguien tan joven como yo a cuál de las dos cosas obedecer, debido a que no me parecen compatibles, aunque estoy seguro, haciendo cita textual, que “…en este mundo muchas veces no basta con la alternativa entre una cosa u otra. Los sentimientos y las maneras de actuar tienen maticen tan múltiples…”

En definitiva lo más seguro es que lo que hace que el anhelo y el deber se fundan de la mano, es la necesidad, un alma libre debe soñar, necesita soñar.
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El insomnio me está haciendo pensar tantas cosas, al punto que no me deja redactarlas como corresponde.

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