Y en un instante estaba en este
extraviado camino, oscuro como el peor de los bosques, vacío como el peor de
los desiertos, frío como la mayor de las montañas, y tan lejano… como no
imaginé que podía llegar a sentirme. Busqué el sueño abrazara mi cuerpo,
cerrando los hinchados ojos para encontrar paz, debiendo dejar de soñar para
encontrar el descanso, teniendo que olvidar donde estaba para seguir avanzando,
luchando en ignorar quién soy para encontrar mi camino…
Y ahora no sé si he de prender los dos
luceros, para sentarme a un costado de la ruta, con suficiente miedo para
quedarme sin avanzar, con demasiado orgullo para dar un paso atrás. Ya sin
rendirme, pregunto por donde he de ir, si bien los pies siempre pueden estar
algo más rotos, aseguro que un corazón así nunca ha dejado de latir.

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