Un mensaje, más que por cómo se
entrega, más que por lo que parece contener, tiene su valor en el sentimiento
que estuvo presente en la gestación de dicha idea, pues nada más que ello da la
belleza mediante la cual el torrente del genio aclara en parte la densa
oscuridad que rodea las mentes humanas.
Es justamente el hecho de que un
mensaje pueda ser interpretado de tantas formas, y que sólo una persona pueda
captar la verdad entregada, es eso lo que hace la diferencia entre los seres
que amplia gama llamamos humanos.
Es tan peligroso amar con más pasión,
odiar con más fuerza, es tan fácil ser malinterpretado en cada gesto, y cuánto
más por ello cuesta alcanzar una buena relación, tan frágil, tan efímera. Ser
malentendido, algo no tan extraño, pero tampoco algo esperable, nunca algo
justo y difícilmente comprensible, tan triste y doloroso.
Controlar en parte lo que se siente, limitarlo a gestos humanos, y aún así ser tomado por desnivelado y “arrebatado”, al grado de menospreciarse lo que realmente es.
Tomaré otra vez aquellos
pasillos
Pues los lugares aún viven,
El humo suavemente decae
Los recuerdos aún no se despiden.

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