domingo, 5 de febrero de 2012

30-10-2006

Un mensaje, más que por cómo se entrega, más que por lo que parece contener, tiene su valor en el sentimiento que estuvo presente en la gestación de dicha idea, pues nada más que ello da la belleza mediante la cual el torrente del genio aclara en parte la densa oscuridad que rodea las mentes humanas.

Es justamente el hecho de que un mensaje pueda ser interpretado de tantas formas, y que sólo una persona pueda captar la verdad entregada, es eso lo que hace la diferencia entre los seres que amplia gama llamamos humanos.

Es tan peligroso amar con más pasión, odiar con más fuerza, es tan fácil ser malinterpretado en cada gesto, y cuánto más por ello cuesta alcanzar una buena relación, tan frágil, tan efímera. Ser malentendido, algo no tan extraño, pero tampoco algo esperable, nunca algo justo y difícilmente comprensible, tan triste y doloroso. 




Controlar en parte lo que se siente, limitarlo a gestos humanos, y aún así ser tomado por desnivelado y “arrebatado”, al grado de menospreciarse lo que realmente es.

Tomaré otra vez aquellos pasillos 
Pues los lugares aún viven,
El humo suavemente decae
Los recuerdos aún no se despiden.

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