domingo, 5 de febrero de 2012

10-08-2006


No se trata de una incoherente manía por la oscuridad (quienes me “conocen” saben que pienso sobre esas corrientes de… ¿Pensamiento?). Se trata de la condición nocturna propiamente tal, momento en que cuanta cercanía posible intenta descansar de la trivialidad y el mecanismo que ahoga la actual vida, el alma tiene tiempo de pensar en sí misma, el ser de conocerse… y luego en ese limbo de sueño y conciencia la sensibilidad nos hace alcanzar respuestas que sólo en el subconsciente nos ayudan a seguir adelante. 

Y es que sobre la noche, la extremada bipolaridad de su naturaleza hace de ciertos seres verdaderas bestias buscando borrar su memoria en banalidades; mientras que de otros, excelentes almas guiadas por arrobamientos del intelecto y la sensibilidad. 

Época de descanso… entender que el descanso no es pereza, es el momento apartado en exclusivo para el espíritu propio y todo lo que le da a este la particular forma que no hace ser quienes somos, como ejemplo, una excelente lectura, una magnífica desvelada, una única melodía. 

Recuerdo a todo esto, a momento de escribir, lo hermosa que es la noche en un cielo despejado, las estrellas hablando, la luna cantando…y en torno a orbitales movimientos generando una magnífica danza como la realizada por las emociones de un alma buena en el momento de admiración. 

Cielo despejado…naturaleza…sur de mi país…quizás pueda volver…quizás no. Tantas gentes y recuerdos, nudos de emociones que me hacen recordar cuando el excelente Bécquer comparó la vida con una cadena de intercalados eslabones de oro y hierro. 

Tantas palabras… ¿Al aire?...espero que no, espero alguien me recuerde por esto. 

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