Son casi las cuatro de la mañana, la
ciudad debe estar acostada y yo debiese tener mucho frío, pero necesito
escribir, necesito eso y una consecuencia de eso, porque comencé a revisar mi
pasado, ese que nadie vio, y tengo ganas de pensar en el futuro.
¿Por qué demonios me he equivocado tantas condenadas veces?
Hay todo un mundo en su entorno, uno hermoso,
que no compensa, sus ojos son distintos y Él lo sabe, esa noche, lo último que
Él recordaba era una especie de silencio, la ausencia de una respuesta que
había soñado en días anteriores, recordaba eso y sus palabras, su maldecir y no
comprender, no entendía por qué su naturaleza debía ser esa, no soportaba que
la disposición del mundo le alejara de lo que más amaba (y lo único que había
amado en muchísimo tiempo), y prometió que sanaría día a día, aún sabiendo que
ese poder lo había entregado a otra alma, aún ignorando si dicho ser DESEARÍA
hacerlo, y sin ser egoísta, le preocupaba que su corazón se sintiese triste
pensando en ello.
“Esta historia se ha estado
escribiendo hace mucho tiempo, y siempre temí leerla, ahora las brisas de la
vida me la han susurrado, es algo tan nuevo como doloroso, doloroso mientras
deba esperar, doloroso mientras deba dudar, quizás, después de eso, sea mi
eterna felicidad, quizás, después de eso, sea mi desesperación final”

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