domingo, 5 de febrero de 2012

27-07-2009

Son casi las cuatro de la mañana, la ciudad debe estar acostada y yo debiese tener mucho frío, pero necesito escribir, necesito eso y una consecuencia de eso, porque comencé a revisar mi pasado, ese que nadie vio, y tengo ganas de pensar en el futuro.

¿Por qué demonios me he equivocado tantas condenadas veces?

Hay todo un mundo en su entorno, uno hermoso, que no compensa, sus ojos son distintos y Él lo sabe, esa noche, lo último que Él recordaba era una especie de silencio, la ausencia de una respuesta que había soñado en días anteriores, recordaba eso y sus palabras, su maldecir y no comprender, no entendía por qué su naturaleza debía ser esa, no soportaba que la disposición del mundo le alejara de lo que más amaba (y lo único que había amado en muchísimo tiempo), y prometió que sanaría día a día, aún sabiendo que ese poder lo había entregado a otra alma, aún ignorando si dicho ser DESEARÍA hacerlo, y sin ser egoísta, le preocupaba que su corazón se sintiese triste pensando en ello.

“Esta historia se ha estado escribiendo hace mucho tiempo, y siempre temí leerla, ahora las brisas de la vida me la han susurrado, es algo tan nuevo como doloroso, doloroso mientras deba esperar, doloroso mientras deba dudar, quizás, después de eso, sea mi eterna felicidad, quizás, después de eso, sea mi desesperación final”





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