domingo, 5 de febrero de 2012

28-08-2007


Cuentan que de todo lo que hay inicio hay también un final, que en su paso cíclico y casi estacional, entonces se le asemeja a un año cronológico, que en todo se presenta un otoño, donde las fuerzas y obras se secan y caen en su mayoría, para renovarse aún sin ser justamente las mismas, dando vida nueva entre nuevos parámetros con lo que ayer se conocía como única realidad alcanzable.

Entonces, aprende uno con el paso del tiempo, de sus propios límites y recursos, intelectuales, emocionales, aprende que humanamente está rodeado de ellos y no le sorprende, exceptuando tan solo el descubrimiento de la carencia de fin en mucho de lo gestado, en que lo que realmente importa en nuestras vidas es aquello que se forja en lo eterno, de la memoria de la historia, de la historia de nuestra memoria.

Rumores de almas mencionan que no se puede borrar lo aprendido, ni ignorar lo descubierto, a lo que solo sé que a pesar de ciertos sucesos e incluso falencias de funcionamiento orgánico, se pueda perder en espacios total o parcialmente toda noción de recuerdo, los sentimientos de esos sucesos terriblemente olvidados... viven aún, laten vagamente y destruyen tratando de encontrar su hogar en aquel recuerdo que tímidamente se levanta sin fuerzas de donde afirmar.

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