¿Bajo que argumento se puede analizar
el hecho de que, a infinitos pensadores, sin mínima posibilidad de haberse
conocido, ni aún ínfimos acontecimientos posibles para que supiese uno del
otro, han enmarcado las ideas en las estrellas, y han visto reflejada en la luz
de un astro electo un sueño, una esperanza?...nada de extraño resulta entonces
el hecho de que se considere a la más brillante de todas una idea en éxtasis,
ya en el fin de sus días, limitándose a la fría realidad…es que acaso nos
responden de verdad; es que un Dios juega con nosotros para, elegantemente
engañados hacernos seguir la vida; o es que una lágrima brotada del dolor y la
angustia, la más cristalina gota emanada por un corazón puro, es acaso ella un
excelente prisma que enfoca nuestros sueños para que simplemente, en el gran
espejo celestial veamos reflejar la belleza de un verdadero sueño, y así
comprender que una verdadera alma nunca podrá enteramente ser apreciada por su
valor.
¿Qué es entonces del ser que ya
agotado aún ni lágrimas posee?...quizás sólo sea este el final de un ser que
agotó en todo sus sueños y perfectamente esté creada esta consecución.
Sea entonces la vida una eterna
interrogante, una ahogante duda, y bien es dicho que a quien duda, guarde sus
palabras, y analice qué es verdad, y entonces recién pueda volver a hablar.

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