Tal y como sé que los desiertos fueron
mares, sé de los mares de ahora, y sinceramente espero que existan orillas para
el eterno vagar del oleaje, y no quiero encontrar esas orillas en frases de
mierda hechas, en que se sienten a mirar como de una u otra forma continúo
moviendo mis pies solos, ni que sea solo para ver “lo lindo de la cartita de la
botella” para que luego al mar se vaya de nuevo, porque a la larga el recuerdo
sería otro maldito reclamo como este, y eso cansa a cualquiera.
La analogía no tiene demasiado
sentido, pero tenía que haber algo para sacar la sonrisita estúpida que estaba
antes, no porque una sonrisa sea tonta, sino porque nació de mi parte más
imbécil.

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