Ahí está, la vejez, implacable, llegando hasta el último ser viviente,
criatura tras criatura. Alguien escribió que tan solo habían niños pequeños,
niños jóvenes, niños adultos y niños ancianos, personalmente creo que tiene un
alto grado de certeza (si se interpreta de buena manera), y es que no hay nada
de malo e incompatible en crecer y aprender de cada cosa mientras se madura y a
la vez conservar un “alma de niño” para emplearla cuando la ocasión lo amerite
(ser un buen “primo grande”, buen hermano, buen tío…y por sobre todo buen padre
en lo futuro), sin que eso signifique estancarse en una etapa.
Así como este árbol se mantiene como tal, se torna hermoso, poseedor de
una majestuosidad maravillosamente atípica, mas no con todo árbol pasa lo
mismo, así también pasa con los seres humanos, tantas personas justifican su
desagradable fin de vida (mediocres últimos años) bajo el pretexto de factores
que los han afectado, este árbol no tiene las mejores condiciones pero no
exhibe un espectáculo lamentable, y no se trata de que una persona finja haber
tenido una vida color de rosas, pero se trata de no hacer pagar a personas por
vivencias de las cuales ellos nada tienen que ver.
Tanto he hablado de vejez, y podría aplicar esto a cualquier etapa de
la vida en la cual se estime conveniente.
No sé si me expresé bien, pero escribí lo que sentí.

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