Al descubrirte, un día y por mera casualidad
no recuerdo nada más que una leve alegría
y luego de eso tu mirada, tu sonrisa y su
bondad
y el andar tranquilo anunciando lo que
vendría.
Cuando pienso en ti, pienso en el adiós
nunca dicho
y las palabras que se nos filtraron al
intentar decirlo
como errores pequeños, que deslizaron una mentira
como ocultando el dolor por trasuntarlo por ira.
Ah, qué feliz que fue, y tan triste que fue
los días que te quise y los días que te amé,
ah, qué feliz que fue, y tan triste que fue,
saber sobre los brazos donde no estaré.
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