miércoles, 15 de mayo de 2019

Presagio



Despierto en una habitación enorme, completamente vacía, helada, y con la luz filtrándose apenas y solo por la generosidad de las grietas que corrompen las paredes, y pierdo la noción del paso de los días, pero cada cierto tiempo encuentro lo que parece una puerta de salida, y escucho a lo lejos una melodía hermosa.

Entonces, me dirijo hacia el exterior y creo que aquella música proviene desde un punto lejano, pero visible, rodeado de una estética que no había conocido nunca antes (siempre creo que es la primera vez que veo algo tan bello), y corro hacia ella, y a medida que me acerco el camino parece más y más inclinado, hasta que finalmente llego, casi sin fuerzas, pero la melodía ya no se oye, y no existe instrumento o alma entonando música alguna, y en cuanto pierdo mi mirada, decepcionado, noto que me encuentro en la misma habitación de siempre.

Y esto ocurre una y otra vez, pero tengo la sensación de que cada vez con menos frecuencia, y me estoy acostumbrando, aunque no quiero, a ver solo a través de algunas grietas hacia los lugares libres por los que otras personas transitan, y estoy perdiendo, aunque no quiero, el interés de salir de aquella habitación.

Se siente como si la vida fuese una especie de círculo, o una curva que se cierra en sí misma, y que aquello que pareciera son pronunciadas sinuosidades y altibajos que deberían demarcar mi camino, mi avance, no son más que idas y vueltas en torno a grandes giros que me llevan al mismo punto una y otra vez, de manera que, no importa cuánto suba o baje, siempre termino en el mismo lugar en el que empecé.

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