sábado, 11 de mayo de 2019

Estrellas que podrían ser cercanas

Y quedará de cada día vivido un recuerdo cada vez más impreciso o una imagen pasada que vendrá a nuestra memoria, como lo que sobrevive de algo que fue especialmente importante, para que al menos podamos recordarlo.

La vida y el propio mundo se llenan de momentos y lugares tan hermosos como para no querer dejarlos partir jamás, y que se fijan de forma calma en lo cotidiano, evocando emociones suaves que se perpetúan en el día a día.

En realidad, hay muchas cosas que me evocan emociones,
la suavidad del suelo en primavera,
las nubes sobre el cielo de verano,
el aroma que arrastra el viento de otoño,
el sonido de la lluvia sobre un paraguas,
el frío del aire cuando ya regreso a casa,
los tonos y formas de la luna en los cielos nocturnos,
el sonido de los vehículos que pasan a la distancia a medianoche,
la calidez de una tienda nocturna, bebiendo leche con chocolate,
la calidez de una cama luego de un día agotador,
el aroma de las mañanas en las que quisiera seguir durmiendo,
la alegría de un mediodía luminoso,
la calma de un día nublado o con una suave garúa,
yo solo quisiera compartir todos aquellos sentimientos contigo,
por el resto de mi vida.

Y también quisiera ir a buscar aquello que he perdido,
el alzar de las luciérnagas en las noches de verano,
el sonido de un río que pasa lejano e incansable,
la comodidad de un árbol y su sombra en verano,
la trascendencia de no hacer nada, mirando el cielo despejado,
el paseo incansable de las flores de primavera, cuando nacen,
la frescura de arrojarse agua cuando el calor sofoca,
la calidez de una bufanda contra un invierno en su mayor crudeza,
yo quisiera volver a entender todos aquellos sentimientos, contigo a mi lado,
y no volver a olvidarlos,
 en el resto de mi vida.

Parte de esto viene de la introducción de la obra “Voces de una estrella Distante”, basada en el corto de animación de Makoto Shinkai [Uno de mis directores favoritos].

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