Un día, gentilmente
llamamos cada uno a la puerta del otro
y
cantando pedimos bajar copos de nieve desde la montaña
y
dijimos que seríamos felices jugando entre sus piezas de hielo,
anhelamos tanto hacerlo que subimos pidiendo ayuda al cielo.
Preparamos
un plan secreto del que ambos no hablamos nunca
y
el éxito era reírnos fuertemente sobre un manto de pasto verde,
y
anhelamos tanto ese día que buscamos saber dónde ocurriría
tu
voz le daba la forma a esas ideas, y mi mirada las alcanzaba.
Esos
días se fueron lejanos, como recuerdos de una mentira
y
me quedaron caminos inciertos que andaré en estos días
cuando
el sol se oculte, me preguntaré si debería dormir
y
cuando la noche acabe, si acaso debería seguir despierto.
Es
algo así como intentar hacer algo sobre algo que no puedes cambiar, y mientras
sigo mis pensamientos desordenados, he estado escuchando el sonido de la lluvia
que no cae en esta ciudad capital.
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