Le dije adiós justo antes de irme de aquellos mundos, luego
de eso me pregunté si acaso un escenario no forma también parte del destino que
une a dos almas, en efecto, quien no ha amado un bosque, un jardín, o el trinar
el avecilla ubicua, ha retrasado gran parte de su vida, quien no ha sentido la
caricia de la brisa cuando estamos felices, no lo ha estado plenamente.
Nosotros, que enviamos plegarias entre reinos, fuimos unidos eternamente por la
tormenta que las llevó, benditos por la lluvia que nos unió, pero fue
justamente el deseo de tener un lugar al que ir a vivir esa vida permanente lo
que nos arrastró hacia costas tan distintas.

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