martes, 14 de junio de 2016

Amanecida


El temor a la soledad se cierne sobre nosotros de la misma forma que el viento nos golpea, tras una leve agitación de lo que siempre nos rodea, justo antes de saber que no podemos abrigarnos contra el frío de lo imprevisto, en la sorpresa del amor que habiendo estado dormido se yergue para entender quién nos hace falta.

Supongo que la vida se basa en un ritmo para cada cosa, en un compás superior e incluso sempiterno, y que nuestras necesidades se ajustan a él luego de mucho haber vivido... que es normal que nada llegue justo a tiempo, si no en una respuesta tardía que lo dice todo casi como un discurso de despedida.

Una época de recuerdos indelebles,
aquella en que todo queda grabado,
una época de sentimientos verdaderos
busqué y encontré, inesperadamente.

Como si el tiempo pasara de a trozos, te miré
como tantas veces, mas te vi como nunca
y fue sólo un puñado del viejo amor profundo,
que fue más que un vendaval de cariños pasajeros.

Me faltaste tanto, en otros días oculta
que ahora me faltas de verte distante
sin saber qué hacer, pues no puedo
contra tus labios escondiendo su silencio.

Aún me quedo esperándote junto a mis brazos
con la certeza de mil vidas en que hube de buscarte
de habernos topado tanto yendo hacia otras partes
hoy nuestros caminos parecen finalmente llamarse.

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