La soledad se cierne en cada uno de los rincones que he
aprendido a recorrer, a la vuelta de cada uno me gustaría encontrarte, en el
silencio de cada calle, en el barullo de cada vehículo, me gustaría escucharte,
en esta ciudad ruidosa que golpea mi voluntad, a la que vine a dar sin saber
que estaría tan lejos, pero con la certeza de que tenía que hacerlo.
En este preciso momento, me importa realmente poco lo que
pase en mi entorno, no lo busco, no lo pregunto, me da igual que se responda,
me atrevería a decir que incluso ahora que formas parte de ese todo externo, me
das igual, que me gustaría dar contigo para que estuvieses junto a mi mundo interior,
lo que pueda pasar afuera me tiene sin cuidado.
Es por ello que sé que mi soledad no tendrá respuesta pronta,
¿Cómo podría acallarla sólo desde mi ser interno?, si realmente supiese hacia dónde
dirigir mi vida, o bien hacia donde desearía mi corazón que apuntase, usaría mi
cabeza para trabajar en ello, siempre he creído que la inteligencia existe para
buscar caminos a la voluntad de los sentimientos, tal vez por eso la he sentido tan subutilizada, sus
capacidades de ver lo correcto, en mi caso, son disimiles.
Realmente no sé si quiero volver a verte en algún lado, o si
debiese volver a algún lado para verte, por primera vez en muchos años quiero
sentir esa sensación de sostener mi aire bajo agua helada, esa soledad que me
desgarró el pecho tantos años, que me dejó marcas evidentes… a veces me llama…
cuando alguien más deja de hacerlo.
A veces… soñaba con ella sonriendo a mi lado,
soñaba con
ella llorando a mi lado,
soñaba con ella caminando,
soñaba con ella perdida,
la
buscaba, la encontraba,
a veces, incluso soñaba con ella,
a su vez, pero no tantas veces,
me la encontraba, la veía,
quería cuidarla, pero no podía,
sin el poder ni la cercanía,
sin embargo, lo obtuve,
lo encontré, lo usé,
pero en medio de esos días,
pero en medio de esos días,
necesité que ella me cuidara,
y mi soledad
recuperó su permanencia.
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