jueves, 19 de noviembre de 2015

Limbo

El mundo le parecía hermoso desde esa ventana, que miraba de reojo mientras empapaba las manos de ella con su cabello,  cuando el día era soleado, entre sus brazos recordaba la felicidad de su infancia y el abrazo de los árboles, sentía ganas de salir a volar hacia esos puntos y sufría un poco menos por no hacerlo, a su vez, cuando el día era lluvioso, se admiraba del calor que ella podía entregarle desde sus caricias, el roce de su piel era en él refresco al sofoco de sus dolores y calor al frío de su distancia con el mundo.

Su respiración se volvía más lenta, más  calma, y su sonrisa más extensa y profunda, cada vez que pestañeaba lo hacía con mayor lentitud, y finalmente se quedaba dormido, cuando despertaba, podía mirar fijamente desde la ventana, pues no había ni brazos acogedores y manos que acariciasen, su habitación estaba vacía, siempre lo había estado, entonces, lo más bello era creer que en aquel plano intermedio entre la realidad y el sueño, donde las conciencias se mueven libremente, ya se habían encontrado tiempo atrás, y que algún día estaría seguro de estar ante ella, cuando al simple roce de su mano, despertara frente al infinito de la vida.

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