lunes, 2 de noviembre de 2015

Estela

Creo que todo comenzó el día que volví a ver las estrellas, aunque siempre las miraba, porque comprendí que vivíamos debajo de ellas, irrenunciablemente, incluso antes de ser nosotros al conocernos, incluso después de las distancias que la vida marca…

Vienes a ser, desde el primer segundo,
como el juego de los arbustos en sus horas,
y el mar que sopla cuando se amanece,
el lago y su aroma al anochecer, profundo.

Y me pareces por la mañana una flor en rocío,
cuando agachada fijas en algo tus ojos,
mas te levantas pronto con ellos al cielo,
y tus ideas viajan a este mundo, sin despojos.

Pues eres a mí, que siempre dormí junto a los bosques,
lo más parecido al verde de este mundo,
puedo cerrar mis ojos entre ti trenzado,
puesto que mis sueños no rehúyen de tus brazos.

Sí, será tu piel entonces la tierra muelle,
donde enraizar cada atisbo natural de mi,
e iremos entonces siempre acompañados,
donde el cielo está en permanente carmesí.

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