Posa detrás de mí el gran dragón su silueta,
que me llama a sí desde su aleteo profundo,
profunda también es su mirada que me reta,
a dormir en su lomo y olvidar el mundo.
Y parto entre sus alas que de aquí me alejan,
haciendo cualquier visión tangible diminuta,
suavemente y por virtud mis dolores se alejan,
mientras felizmente disfruto aquella ruta.
Mitiga ir a su reino incluso las ausencias,
y el gran dragón cantándome se marcha,
y queda en mí el silencio nunca dicho,
de gratitud que el tiempo nunca mancha.
Y la soledad que antaño plantó ante mí barrotes,
se fragua con ellos ante mi aliento draconiano,
que de donde vivo han venido a mi sus dotes,
y ha pasado una vida hasta volverme anciano.
Y cuando siento con fuerza en mis espaldas mis alas,
miro al cielo que rodea el cielo al que me han traído,
y en su búsqueda me lanzo, hacia sus nubes ralas,
y al tocarlas me despierto, me acecha el olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario