Sabes, anteayer me
recosté sobre el pasto de esta ciudad a mirar las estrellas, y hoy, mientras la
tarde tomaba por completo el ambiente, contemplé el vaivén de los árboles
frente a la brisa, y ambas cosas se parecían tanto al escenario en que te conocí
y luego te desconocí, y a su vez, cada momento me pareció tan cercano a él, que
me pregunté si alguna vez podré escapar realmente del recuerdo de tus ojos
verdes.
No tengo claro cómo evaluar estos años, por una parte, mi
existencia completa será menos que un suspiro frente a la inmensidad de la naturaleza, de eso me hablaron esos
recuerdos, y por otra, las vivencias intercaladas entre la última vez que
conversamos como amigos hacen que esa época aparezcan a lo menos a un par de
vidas de distancia respecto a mi actual existencia, siento que se ha roto toda
la lógica del mundo y se han ahogado todos los movimientos del tiempo que le
gobierna, y si volviese a verte como en ese entonces, seguramente te abrazaría.
No podría decir que te extraño, siendo tan distinto a quien era
en ese entonces, y considerado que quien eras ya no existe en este mundo
tangible (no así en el de los recuerdos), pero cuando intento capturar todo el
aire que necesito, siento que una parte de ello se quedó en ese entonces
perdido.

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