Tras unos ojos, un alma, todo un mundo reina,
como reina en mí de tomar tus besos el deseo,
que ofrezco en mi mirar por ello mi mundo,
mientras me quitas los ojos por escarceo.
Tan basto como el azul del cielo que antecede el otoño, es
el mundo que se aloja en tus miradas, inexorablemente amplio, aparentemente
inalcanzable y siempre siéndome desconocido más allá de su belleza, y mientras
contemplaba lo primero pensando en lo
segundo, sentí tu manos sobre mis hombros.
Cuando me abrazas o te acercas a ello, siento la ansiedad
del que se adentra en lo desconocido, y la calidez del que traspasa la alegría
y toca la felicidad, por eso soy capaz de descansar mi cabeza sobre tu cuello y
esperar que pase el tiempo, esperar a
que contemplemos lo mismo en el silencio, y sonriamos levemente ante una nueva
presentación de la belleza.
Cuántas veces me he sentido perdido
de tomar tus hombros hacia los míos
para callar sus distancias entre mis labios,
y el silencio que al amor ha oído.
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