En esa época había
tomado la costumbre de volver por la noche desde el gimnasio y, luego de una
ducha, tomarme un té y reflexionar mientras escuchaba música calma, era una
rutina restauradora, que me daba tiempo para sanar. De pronto comencé a
encontrarme con ella en algunas de esas noches, conversábamos por
largo rato y luego teníamos que intentar subir sin hacer demasiado ruido, así
que hacíamos el tonto jugando a ser espías, con lo de intentar no reírse, lo de
no hacer ruido solía ser un fracaso. Creo que fue haciendo alguna de esas estupideces
que me di cuenta de que estaba dejando atrás los dolores del pasado.
A su vez, yo había
tomado la costumbre de llegar del trabajo y salir inmediatamente, o a correr, o
comprar, etc. O bien, cuando el cansancio era mucho, tomaba una siesta y luego me
iba al gimnasio, lo que había arruinado completamente mis hábitos de sueño. De
pronto, empecé a encontrarme con uno o más amigos en la entrada
de mi casa, y empecé a reemplazar esas costumbres solitarias por la compañía y
mi risa escandalosa. Creo que fue durante una de esas carcajadas que me sentí
nuevamente feliz.
De pronto, podía estar
toda la tarde acompañado viendo un torneo de tenis, tener un ataque de risa por
utilizar mal una bolsa de chocolate en polvo (para hacer un pastel sin los
ingredientes correctos), o intentar decidir qué tipo infusión me tomaría antes
de dormir. Tengo la claridad de esos días porque tuve una fractura de costilla
y lo que más me costó fue evitar reírme.
El amor y la amistad
surgen de forma espontánea y rara vez dan aviso, pero se quedan, el amor es
algo serio, nos cambia la forma de ver el mundo, pero muchas veces la amistad
es algo aún más serio, porque mejora nuestra forma de ver el mundo. Mis
amistades son el regalo más grande que me ha dado la vida junto con mi familia
más cercana, si pudiera, los abrazaría a todos cada día.
Por razón de lo mismo,
fue muy difícil vivir los tiempos que siguieron, y encontrar la mayor tristeza
que recuerde justamente en los lugares donde había recuperado toda mi alegría,
sin embargo, como mis luces suelen vencer a mis sombras, siempre tengo la nostalgia
de esos días felices y el anhelo de volver a sentirme así, independiente de los
riesgos que corra, pero a su vez, lucho contra el pesar del luto no deseado por
aquello que me gustaría tener todavía a mi lado.
Para poder superar a mis
sombras, fue necesario que entendiera la diferencia entre la nostalgia y el
luto, la nostalgia a veces sirve para entender los propios deseos, a veces nos
impulsa a encontrar o recuperar aquello que da sentido a la vida e incluso a la
felicidad, mientras que el luto es el entendimiento de lo que no va a volver,
cierra caminos y nos indica por donde ya no podemos ni debemos intentar
transitar. Se deja de sufrir cuando se ocupa la nostalgia para seguir buscando
y el luto para dejar de buscar.
En el fondo, hay una parte de mí que se pregunta constantemente cómo podría compatibilizar mi apertura hacia el futuro con volver a tener algunas cosas que me hicieron profundamente feliz y me devolvieron las ganas de levantarme y hacer el día a día. Quizás hay mucho de eso que es irrecuperable, sin embargo, quiero darle continuidad a todo lo que pueda, y seguir construyendo una vida tanto como mis energías me lo permitan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario