lunes, 13 de septiembre de 2021

Estaciones y otro adiós


A pesar de no ser pocas las veces en las que he llegado a sentir que toda mi vida cobra coherencia y una mirada en perspectiva parece un relato donde todo tiene una razón de ser, esto suele intercalarse con momentos donde nada parece tener sentido, y salvo un profundo desconcierto es muy poco lo que se puede obtener de ahí, y al no poder obtener nada se acumula la tristeza.

La tristeza se acumula en todas partes, como el polvo que lo cubre todo con el paso del tiempo, con el mero hecho de vivir se va quedando entre los pliegues de la ropa de cama, en un desayuno para uno, en el historial lleno de mensajes que no importan, o en las redes sociales desalineadas de la realidad.

Lamentablemente, la tristeza se suele quedar con nosotros cuando a veces debería marcharse, y aquello de lo que deberíamos despedirnos termina quedándose. Quizás por eso las estaciones me generan una sensación de curiosidad y melancolía. En cada estación, en cada parada, tengo la idea de ver el flujo de innumerables historias y esperanzas de términos, inicios, descansos o el deseo febril de entregarse del todo por algo.

Es realmente extraño que algo que nos exija entregar todo de nosotros valga la pena, y aun así, anhelamos encontrar en nuestra vida aquello que nos genere el deseo de hacerlo. Normalmente, cuando nos equivocamos en encontrar este anhelo, recurrimos justamente a las despedidas.

Las estaciones y las despedidas hablan siempre de los viajes que terminan y los viajes que inician, de que incluso recorriendo los mismos caminos, no habremos jamás de volver, pero también hablan de los sentimientos que no alcanzan, de lo que tenemos que ir dejando para volver a avanzar.

En la soledad de las despedidas no deseadas y los paraderos desconocidos e inesperados, me quedo siempre con la sensación de idas y venidas que no valieron la pena, de aprendizajes inútiles y el deseo de no volver a pasar por ahí nunca más.

Y mientras pienso en esto y las rutas que he recorrido, sé que seguiré inútilmente anhelando encuentros y cruces de caminos, aún sabiendo que no sucederán.

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