A pesar de no ser pocas las veces en las que he llegado a
sentir que toda mi vida cobra coherencia y una mirada en perspectiva parece un
relato donde todo tiene una razón de ser, esto suele intercalarse con momentos
donde nada parece tener sentido, y salvo un profundo desconcierto es muy poco
lo que se puede obtener de ahí, y al no poder obtener nada se acumula la tristeza.
La tristeza se acumula en todas partes, como el polvo que
lo cubre todo con el paso del tiempo, con el mero hecho de vivir se va quedando entre
los pliegues de la ropa de cama, en un desayuno para uno, en el historial
lleno de mensajes que no importan, o en las redes sociales desalineadas de la
realidad.
Lamentablemente, la tristeza se suele quedar con nosotros
cuando a veces debería marcharse, y aquello de lo que deberíamos despedirnos termina
quedándose. Quizás por eso las estaciones me generan una sensación de curiosidad
y melancolía. En cada estación, en cada parada, tengo la idea de ver el flujo
de innumerables historias y esperanzas de términos, inicios, descansos o el deseo
febril de entregarse del todo por algo.
Es realmente extraño que algo que nos exija entregar
todo de nosotros valga la pena, y aun así, anhelamos encontrar en nuestra vida
aquello que nos genere el deseo de hacerlo. Normalmente, cuando nos equivocamos
en encontrar este anhelo, recurrimos justamente a las despedidas.
Las estaciones y las despedidas hablan siempre de los
viajes que terminan y los viajes que inician, de que incluso recorriendo los
mismos caminos, no habremos jamás de volver, pero también hablan de los
sentimientos que no alcanzan, de lo que tenemos que ir dejando para volver a
avanzar.
En la soledad de las despedidas no deseadas y los paraderos
desconocidos e inesperados, me quedo siempre con la sensación de idas y venidas
que no valieron la pena, de aprendizajes inútiles y el deseo de no volver a
pasar por ahí nunca más.
Y mientras pienso en esto y las rutas que he recorrido,
sé que seguiré inútilmente anhelando encuentros y cruces de caminos, aún
sabiendo que no sucederán.
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