Son muy pocas las
veces en que uno llega a elegir entre opciones que lo hacen igual de feliz,
normalmente nuestras decisiones están más condicionadas por balancear lo mejor
y lo peor de cada escenario, y quedarnos con aquello que se aleja lo más
posible de lo que no queremos en nuestra vida. La vida cobra sentido solo
cuando se inician suficientes aventuras a largo de la misma, algunas nos acompañan
para siempre, y algunas son solo visitas fugaces, no todo tiene una razón de ser
y no todo nos deja un aprendizaje, en la vida está aquello que simplemente nos abandona
y hay veces en las que sencillamente fracasamos. Por eso las elecciones son complejas.
En general, hay un
pesar tremendo en despedirse de algo que se ha iniciado, de una persona, de una
idea, de la idea sobre una persona o simplemente de una época que nos hizo
felices pero nos empieza a doler, pero aquello que no logra tomar una forma que
nos siga bridando bienestar se transforma en un peso, simplemente no puede seguir
en nuestro día a día.
Es imposible no
esperar nada de nadie, por más que lo intente, cada cierto tiempo me toca
decepcionarme. La empatía no es un bien tan común, y lo que parece obvio a mis
ojos a veces es simplemente pasado por alto por otras personas, desconozco si
por incapacidad o por la mera intención de no querer verlo, pero cuando esto
pasa, cuando se trata de alguien importante, las decisiones se vuelven
sumamente difíciles y surge la opción que jamás me hace feliz, pero que muchas
veces es la mejor, que es dejar partir.
En estos momentos, en
los que tengo que empezar a darle sentido a mis ideas y encontrar una forma de
sentirme bien en la vida (porque la otra opción sería desistir definitivamente),
tengo el pesar de las despedidas no deseadas y las verdades no esperadas, en
este cansancio profundo, donde no existen los milagros, a veces miro por si algo
de lo que se quedó atrás quiere volver a mi lado. Las largas caminatas, los
ataques de risa en conjunto o la diversión que puede haber detrás de no hacer
nada salvo mirar al cielo, la luna lejana con sus diversas formas y tamaños, los
juegos de mesa, la música y las discusiones sin sentido, la alegría se va
esparciendo a lo largo de la ciudad, y luego solo queda como un recuerdo.
Siento una nostalgia
que no tiene fin, sin embargo, debo elegir lo que crea que es mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario