Habiendo amado
lo suficiente a esta vida, y en esta vida, sigo siendo capaz de notar cuando
debo volver a buscar la belleza de la misma, antes de que el vacío me consuma
por completo, entonces, cierro los ojos y me encuentro con un recuerdo que
quisiera menos lejano, que me abriga con una calidez que ni los días de
extenuante calor de esta ciudad pueden emular.
El aroma del
verano y su luminosidad, la brisa que levanta la humedad de una lluvia
inesperada, el silencio roto por un grillo o la oscuridad interrumpida por las
luciérnagas… se parecen a la sonrisa de mi madre por las mañanas, a las pisadas
de mi padre entre un bosque y hojas secas, y las risas de mis amigos y hermanos
pedaleando entre los cerros, o tumbados sobre el pasto ya sin poderse las
piernas… aquellos veranos se parecieron mucho a la felicidad, se parecieron
mucho a poder abrazar aquella tierra, mi primer y eterno amor, y a
aquella vida mía que me alejaron, y me falta como el alma misma.
Formado para
amar a los suyos y acoger a sus amigos, pero a su vez, nacido como siendo un animal
cuya alma se perdía en el bosque, en la que dormía siendo bestia de un sur
liberado, ¿Cómo podría alcanzar mi ideal lejos de las tierras en las que este
habita?, sería, finalmente, como consumar mi amor lejos de la piel de la
persona amada.

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