martes, 20 de febrero de 2018

Amor



Habiendo amado lo suficiente a esta vida, y en esta vida, sigo siendo capaz de notar cuando debo volver a buscar la belleza de la misma, antes de que el vacío me consuma por completo, entonces, cierro los ojos y me encuentro con un recuerdo que quisiera menos lejano, que me abriga con una calidez que ni los días de extenuante calor de esta ciudad pueden emular.

El aroma del verano y su luminosidad, la brisa que levanta la humedad de una lluvia inesperada, el silencio roto por un grillo o la oscuridad interrumpida por las luciérnagas… se parecen a la sonrisa de mi madre por las mañanas, a las pisadas de mi padre entre un bosque y hojas secas, y las risas de mis amigos y hermanos pedaleando entre los cerros, o tumbados sobre el pasto ya sin poderse las piernas… aquellos veranos se parecieron mucho a la felicidad, se parecieron mucho a poder abrazar  aquella tierra, mi primer y eterno amor, y a aquella vida mía que me alejaron, y me falta como el alma misma. 

Formado para amar a los suyos y acoger a sus amigos, pero a su vez, nacido como siendo un animal cuya alma se perdía en el bosque, en la que dormía siendo bestia de un sur liberado, ¿Cómo podría alcanzar mi ideal lejos de las tierras en las que este habita?, sería, finalmente, como consumar mi amor lejos de la piel de la persona amada.



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