Haciéndoseme conocida tanto tiempo después de verla por primera vez, aún conservo un sinnúmero de detalles de cuando por fin conversamos frente a frente, desde la barra de chocolate que compartió conmigo pasando por su miedo al vuelo de las palomas hasta las carajadas por alguien que casi choca contra un teléfono público por un ataque de hipo que nos hizo saltar, y en general, desde entonces he podido acompañar mis recuerdos de numerosas situaciones que se perpetúan al ser compartidas junto a quien desde siempre ha pertenecido a tu clan.
Siempre respetuosa a la otredad, ha sabido encontrar tras mi personalidad distante, esquiva e incluso fría, a la persona cálida y preocupada que más me gusta ser, y dado que la he conocido desde el mismo modo que lo he hecho con el mundo, a través del tiempo y la paciencia, desde mi costado he podido contrastarla con el todo, verla carente de maldad, comprensiva con los espacios de cada quien, siempre receptiva a lo que le importa, sorprendentemente asertiva gracias a ello, pero a la vez suficientemente atenta al todo, como si supiera que incluso lo que no le interesa podría llegar a serle útil e importante.
Suficientemente fuerte para vivir la vida que ha sido tan suya, ha sido capaz de verme de la misma forma ya fuese corriendo como si no hubiese un mañana, con los nudillos inflamados luego de golpear a un poste o con medio cuerpo inutilizable por calcular mal un salto, lejos del juicio y la incomprensión, y por lo mismo más cerca de mí, siempre he encontrado la misma alma en su voz, su mirada y su caminar.
Hay personas que uno desea no se alejen jamás, habitualmente, a través del eco de risas capaces de sobreponerse a las situaciones más críticas y dolorosas, sosteniendo a través de ellas una inquebrantable fe en el otro, se tejen amistades que soportan el peso de los años, en una red que ahoga a quién intenta romperla, y que me ha llevado a la ira más lúcida frente a quién lo ha intentado.
Si tuviese que ubicarla en algún punto, sería escalando por la vida y no a las faldas de su montaña, por eso, me molesta un poco verla buscando situaciones allí abajo, quiero que siempre esté escalando, que siempre esté disfrutando de la vista de la que le provee su propio esfuerzo, que sea feliz, que sepa que ahí en la cima está la estabilidad que convierte la alegría y los momentos contentos en felicidad, pero para llegar así de alto, hace basta un salto definitivo, por eso, me molesta más que un poco verla confundida respecto a su peso específico, a su verdadero valor, arrastrando cargas de terceros sin recibir un apoyo frente a las suyas, pero aun así, como siempre es ella misma, como siempre puedo llamarla por su nombre, es que, en un mundo que quiso enseñarme la desconfianza, ella es definitivamente mi amiga.
Si tuviese que ubicarla en algún punto, sería escalando por la vida y no a las faldas de su montaña, por eso, me molesta un poco verla buscando situaciones allí abajo, quiero que siempre esté escalando, que siempre esté disfrutando de la vista de la que le provee su propio esfuerzo, que sea feliz, que sepa que ahí en la cima está la estabilidad que convierte la alegría y los momentos contentos en felicidad, pero para llegar así de alto, hace basta un salto definitivo, por eso, me molesta más que un poco verla confundida respecto a su peso específico, a su verdadero valor, arrastrando cargas de terceros sin recibir un apoyo frente a las suyas, pero aun así, como siempre es ella misma, como siempre puedo llamarla por su nombre, es que, en un mundo que quiso enseñarme la desconfianza, ella es definitivamente mi amiga.
Como en la ceniza una flor, quieta
se queda, como se me queda la duda,
de cuántas batallas ha dado, pero perdura
su sonrisa amistosa, su carcajada pudiente.
¿Sabrá ella?, me pregunto en lo sincero
de su corazón limpio, de que ser libre merece
de su felicidad mil anhelos junto, empero
cuando un día la opaca, una esperanza perece.
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