jueves, 12 de mayo de 2016

Descamino


¿En qué momento perdí tanto como para poder recordarlo todo, para tener que recordarlo todo?, es una pregunta que espero nunca volver a hacerme, y es que muchas veces te debates entre los días impostergables y los solo inevitables, y si bien los primeros parecen los más crueles, hay que preferirlos frente a los segundos, ya que estos últimos traen tras de sí un "tal vez", y donde nace el engaño comienza la corrupción del alma, que te lleva a caminos equívocos.

Cuando tienes felicidad colmada en tus manos pero te has alejado tanto que estás en un escenario que no te permite plasmarla, es muy parecido a perder los mejores días de tu vida, es la sensación de re aprender colores rehuidos y evocar las formas que alguna vez impregnaron, mas no tener visión de donde pintarlos, habiendo olvidado también cómo es un lienzo.

Sin, embargo, sea cual sea el camino, siempre tendremos la imagen de la felicidad alcanzada, de nuestro yo saltando en alegría, y si lo buscamos, si lo seguimos, llegaremos justo ahí donde podemos ser realmente felices.

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