¿En qué momento perdí tanto como para poder
recordarlo todo, para tener que recordarlo todo?, es una pregunta que espero
nunca volver a hacerme, y es que muchas veces te debates entre los días
impostergables y los solo inevitables, y si bien los primeros parecen los más
crueles, hay que preferirlos frente a los segundos, ya que estos últimos traen
tras de sí un "tal vez", y donde nace el engaño comienza la
corrupción del alma, que te lleva a caminos equívocos.
Cuando tienes felicidad colmada en tus manos pero
te has alejado tanto que estás en un escenario que no te permite plasmarla, es
muy parecido a perder los mejores días de tu vida, es la sensación de re
aprender colores rehuidos y evocar las formas que alguna vez
impregnaron, mas no tener visión de donde pintarlos, habiendo olvidado
también cómo es un lienzo.
Sin, embargo, sea cual sea el camino, siempre
tendremos la imagen de la felicidad alcanzada, de nuestro yo saltando en
alegría, y si lo buscamos, si lo seguimos, llegaremos justo ahí donde podemos
ser realmente felices.

No hay comentarios:
Publicar un comentario