viernes, 29 de abril de 2016

Vespere

Si pudiese, obra de mi mundo interno,
hacer visible su sonrisa ante todos los ojos,
y mostrar lo que en mí es aquel recuerdo
por amor profundo vuelto sempiterno.

Traería desde el candor de mi infancia ausente
hasta  la severidad de mi adultez presente,
unas manos pequeñas que daban cabida a todo,
y la felicidad, y la sonrisa, y el volver a verlas.

Si tan solo me fuese posible acariciar
lo evocado entre mis sueños de cada día,
que me hace sentir que al dormir solo despierto
tendría el abrigo esperado en lo interno.

Cuando quise ser feliz, siempre corrí justo ahí
en aquel rincón cercano a la cima de mi mundo
entre árboles, escondida, donde tiempo atrás la vi,
tal vez espera aún que vaya hacia su encuentro.

Si supiesen sus cabellos lo que es y lo que fue
verlos por ahí saltando junto a sus carreras,
siendo libres, como hace tanto no puedo ser,
si supiese yo la forma de poder romper cadenas.

Correría a buscarla con certeza de encontrar
un atisbo de su aroma pendiendo del enramado,
y con mis pulmones llenos la podría respirar,
hasta abrazarla y ya jamás sentir que soy hallado.

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