Ahora que lo pienso, recuerdo como un tono gris difuminaba
todos los colores en aquellas tardes en que paseábamos libremente con nuestros
amigos, desde el cielo que se cerraba celosamente, hasta los transeúntes que
parecían siempre distantes, la vida del mundo languidecía ante mis ojos y
contaba los minutos desinteresadamente.
Fue justamente en uno de esos andares ensombrecidos que me
dejé caer sobre un montón de telas de alguna de las tiendas que visitábamos, y
justamente entonces cuando te dejaste caer sobre mí riendo alegremente,
rompiendo ese amurallado que suelo tener frente a terceros, permitiéndome
sentir tu calidez, apretándose mi pecho en una sensación realmente nueva, que
llevó mis sentidos a actuar por sobre su trascendencia física.
El aroma de tu cabello, la luminosidad de tu rostro, el descuido
de tu risa, la suavidad de tu piel, y el sabor que tuvo la cena que selló aquel
día, marcaron mi percepción del mundo, que aunque fuere a raíz de un instante
en el que apenas se suspira, llenaste mi entorno de un tono marfil que fue
limpiando aquella frialdad que sólo me permitía ver un camino, y uno sin
alrededores.
Muchas Gracias
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