Como ese cruce en el que el sol aún permanece
y se abre de estrellas aquel telón infinito
se tocaron nuestros mundos sin que fuese
evitable, engañándonos en la piel de lo fortuito.
Cuando tu mirada, como luz de primavera,
proyectó mis sombras mientras me abrasaba,
presenté sin cuidados mi forma verdadera,
pudiendo ser como siempre y más feliz por tenerte.
Y agradezco cada vez que te encuentro tras tus ojos,
y las gotas de luz que lanzas desde tus pestañas,
que me llevan a esos mundos entre los que viajas,
y que al volver a los míos también me acompañas.

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