miércoles, 5 de agosto de 2020

Primavera y diferencias


¿Cómo diferenciaría el saber del entender? Lo digo porque aún sabiendo que son cosas distintas, yo mismo no había llegado a entenderlo. Sin embargo, tuve esas tardes en las que el calor golpeaba algunas horas hasta amainar y dar espacio a noches cálidas y amables, tuve una sonrisa y carcajadas, y conversaciones que nunca terminaron. En ese entonces llegué a saber que mi vida estaba cambiando para siempre, aunque vine a entenderlo mucho tiempo después.

En un parque enorme y bajo la sombra de árboles pequeños, contemplando el cielo con las nubes de paso lento, y disfrutando del silencio que a veces llega en las áreas verdes y los espacios abiertos, nos preguntamos sobre la felicidad, sobre la diferencia entre ser feliz y sentirse feliz, yo, en ese preciso momento pude contestar que tenía ambas cosas, aunque sabía que no iba a ser siempre así, y que estar teniendo esa conversación era en parte la razón de que respondiera eso.

Por ese entonces estaba volviendo a confiar en cosas que durante un tiempo pensé que había visto y conocido, pero que se me habían escapado luego de profundos dolores y grandes decepciones, fue su andar calmo y su interés despreocupado lo que me devolvió las ganas de creer, y esas ganas de creer me dieron espacio a reaprender y entender de una nueva forma ideas como la esperanza, la soledad, la compañía, el dolor y finalmente los frutos de todo ello.

Tengo la seguridad de que ese aprendizaje sigue desarrollándose en mi mente, cuando miro hacia atrás y pienso en esos días que me traen un bienestar profundo y el anhelo de volver a sentirme así, y darme cuenta que por primera vez en mi vida no estoy pensando en volver al pasado (ni a mi infancia) cuando pienso en volver a ser feliz, porque incluso en este momento en el que mi vida está en pausa, estoy pensando en volver a ser feliz, entonces sé que ya no soy el mismo.

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