¿Cómo diferenciaría el saber del
entender? Lo digo porque aún sabiendo que son cosas distintas, yo mismo no
había llegado a entenderlo. Sin embargo, tuve esas tardes en las que el calor
golpeaba algunas horas hasta amainar y dar espacio a noches cálidas y amables,
tuve una sonrisa y carcajadas, y conversaciones que nunca terminaron. En ese
entonces llegué a saber que mi vida estaba cambiando para siempre, aunque vine
a entenderlo mucho tiempo después.
En un parque enorme y bajo la
sombra de árboles pequeños, contemplando el cielo con las nubes de paso lento, y
disfrutando del silencio que a veces llega en las áreas verdes y los espacios
abiertos, nos preguntamos sobre la felicidad, sobre la diferencia entre ser feliz y
sentirse feliz, yo, en ese preciso momento pude contestar que tenía ambas cosas, aunque sabía que no iba a ser siempre así, y que estar teniendo esa conversación era en
parte la razón de que respondiera eso.
Por ese entonces estaba volviendo a
confiar en cosas que durante un tiempo pensé que había visto y conocido, pero
que se me habían escapado luego de profundos dolores y grandes decepciones, fue su andar calmo y su interés despreocupado lo que me devolvió las ganas de creer, y esas ganas de creer me dieron espacio a reaprender y
entender de una nueva forma ideas como la esperanza, la soledad, la compañía,
el dolor y finalmente los frutos de todo ello.
Tengo la seguridad de que ese aprendizaje sigue desarrollándose en mi mente, cuando miro hacia atrás y pienso en esos días que me traen un bienestar profundo y el anhelo de volver a sentirme así, y darme cuenta que por primera vez en mi vida no estoy pensando en volver al pasado (ni a mi infancia) cuando pienso en volver a ser feliz, porque incluso en este momento en el que mi vida está en pausa, estoy pensando en volver a ser feliz, entonces sé que ya no soy el mismo.

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