lunes, 24 de agosto de 2020

Estado Actual IV - Loin

Aquella vez tuve demasiadas preguntas y pocas respuestas, siendo incluso incapaz de sentirme tranquilo frente al lago favorito de toda mi infancia y rodeado de aquello que entendía como mi bienestar desde niño, bueno, sabía que parte de eso había muerto a lo largo de ese último año.

Incluso hoy, aquello que me produjo ansiedad y me impedía el sueño sigue sin estar del todo claro, probablemente sea uno de los peores cierres de diciembre que recuerde, una de las navidades menos alegres y uno de los estados de ánimo que espero nunca volver a tener.

En esos días pensé sobre lo inevitable que son los cambios en la vida, sobre el tiempo y el ritmo con el que trae las despedidas, que a veces llegan demasiado pronto, pero también están aquellas que llegan demasiado tarde. En aquellos días recordé que la pérdida de una cercanía podía dolerme más que la pérdida de una persona.

A través de los años había quitado el espacio para esas cosas al punto que gocé de una estabilidad y paz absoluta en la cual pude reconocer mi persona racional en todo su esplendor, y escogiendo a plena lógica hasta dónde quería que otras personas se viesen involucradas conmigo, no hubo nada que afectara mi ánimo, incluso pasando días sin hablar con nadie o cruzando tres comunas durante más de cuarenta minutos en metro, con la boca sangrando y sin nadie que me acompañara, no sentía el peso de la soledad en lo absoluto, pero esos días se tornaron infinitamente aburridos, aunque a veces los extraño.

Entre las cosas que odié de enfrentarme a mi lado más ansioso estuvo la incapacidad de poder comunicarme con éxito, de no saber hacerlo, de no ser escuchado, de ser omitido o simplemente de sentir que no valía la pena o que no habría de cambiar nada, que si no había logrado nada diciendo algo de una primera, segunda o tercera manera, una cuarta solo me traería más frustración, mientras lentamente volvía a sentir esa soledad a la que había vencido día a día por tantos años.

Hoy, mirando hacia el pasado y los últimos meses que he vivido, quiero recuperar desde mi estado físico hasta mis hábitos felices, porque por primera vez tengo una serie de objetivos trazados únicamente desde mis deseos y porque necesito lo mejor de mí para llegar a ellos.

Desde este contexto, espero algún día sentirme tranquilo y a salvo, poder dormir en calma y contar con un abrazo que no se condicione a los días ni se mueva desde la ambigüedad, pues habiendo vivido días tan alegres como jamás pensé que podrían estar reservados para mí, tuve probablemente la tristeza más grande que recuerde en mi adultez y vida cercana, y no estoy dispuesto a tener que jugar ese juego de suma cero cada vez que encuentre una fuente de felicidad.

Todavía anhelo la alegría de algunos días, y todavía siento miedo cuando pienso en la tristeza de aquellos otros, al grado de poder llorar al recordar a cualquiera de ellos.

Nada de lo que hubo de ser volverá a hacerlo, todo ha cambiado de forma definitiva, el egoísmo de algunas personas, el miedo de otras, mis defectos y el contexto mundial lo hacen indudable, solo deseo que aquello que deba permanecer en mi vida lo haga independiente de si debe cambiar de forma, incluso si debe tomar la forma que siempre debió tener y al precio que eso implique, espero que la pausa en la que estoy no dure mucho más, porque definitivamente quiero vivir.

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