Te amé tanto, por la forma en que miraste aquel
amanecer
que cuando le sonreíste a su cielo amarlo también
me hiciste,
y como ese cielo, si ha habido otro, ha sido lejano
y silente
justo como miraba preguntándote entre el hastío de
la gente.
Donde sea que vaya, sin que me importe donde estés
te pensaré como al verte en nuestro primer día,
casi flotando de un punto a otro, en la solidez de
tu paz,
casi elevándote de lo mundano e infeliz, sonriente.
Lo que sea que piense, no me importará qué pienses tú
lo haré como esperando para correr a encontrarte,
allá donde el mundo hiele te esperaré con mi calor
allá donde yo me ahogue esperaré a poder beberte.
Pues sin importar qué tan luminosos sean los días,
se han provisto de un viento gélido que me corta
y me lleva hacia los días de mi primera soledad,
soledad que se replica ya sin despertarme, ahora.
y del saludo que se asumió como verdad evidente
se nutrió aquel futuro intangible,
la brisa de este y
otros mundo arreció,
como si arrastrara el vacío del universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario