domingo, 22 de enero de 2017

A "ella"


Creo que el poseer un lugar único y sentirlo propio otorga una felicidad excluyente, ¿Tú tienes alguno?, existe una fuerza sensorial que define un contexto, como una emanación de energía que surge transitando entre lo físico y lo emocional, y que demarca los espacios en los que me siento realmente presente, sin recurrir a viajes hacia otros planos.

Mi infancia transcurrió entre días suaves y pacíficos, en los cuales contemplaba un punto lejano, escondido entre los cerros, podía aún yo verlo, de modo que cuando pude llegar a él y tocarlo con mis pies, fui muy feliz, todo era visible desde ahí, tú, siendo visual, deberías entenderlo, que cuando el horizonte se ve infinito sin nada que lo atrape, que cuando está lleno de giros, curvas, formas y colores, y esa belleza se funde entre el azul y el verde, la libertad cobra sentido, y se vuelve similar a observar el futuro y sentirlo lleno de vivencias, lleno de incertidumbres en cuanto a lo que habrá, pero seguro de que habrá algo. Parado desde el punto correcto, el alcance de mi perspectiva se volvía tan grande, que siendo un niño lo sentía como aspirar aire y no poder botarlo.

No puedo evitar pensar que todos llegamos al mundo de aprendizajes previos, creo estar avanzado en muchos aspectos, pero que llegué acá con la necesidad de saber hacerme acompañar, además de conjugar ello con mi necesidad de no ver a nadie, en cierta forma, el disfrutar de la soledad me permite adentrar en muchos detalles y llegar hasta el menor recoveco de mis percepciones, pero luego viene el entendimiento de que ello tiene que ser compartido, y creo que en las únicas partes que esa inquietud se ha calmado ha sido en los lugares como el que te menciono, viajando como te menciono, porque es a la vez es lo más presente en este mundo que me he sentido.

Por eso, lo que me queda luego de tanto tiempo lejos de aquellos árboles, es la mera esperanza de tenderme como enramado entre tus brazos, la agitación del mundo se me duerme en tu sonrisa, pues, con certeza, en algún lugar del mundo los campos yacen eternos, y si me das tu hombro habré de dormir entre ellos, de descansar de los días que arrecian, de los cielos que llaman al desierto, y de quienes me vuelven lejano... si nuestros mundos ya se encontraron, haz lo imposible o pídemelo, pero quédate, hasta que huyamos juntos allá donde el rocío alcanza el mediodía y el viento solo arrastra cuanto quiere.

No es que quiera huir, estoy bien, es solo que te quiero mucho, y si bien eso a veces puede ser doloroso, si caes, si vuelas, si ríes o lloras, mi pecho se aprieta un poco, realmente no hace diferencia, vivir también llega a doler, y también estoy feliz de ello.

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