Si acaso pudiese llevarte a mis viejos días como quien te toma de la mano y te
lleva a un desconocido bosque, de forma misteriosa, arrebatada, sin espacio a
la expectación, pero sabiendo que es posible, ¿Crees acaso que no lo
haría?, tu mera observación ante ellos separaría definitivamente mi unicidad de
mi soledad, que tan enlazadas las ha dejado el tiempo a fuerza de no conocer
quien tenga una vida con la que pueda comprenderme, sin lugar al juicio ni la
especulación, y que por primera vez he visto desunirse cuando hemos puesto
nuestras manos sobre la espalda del otro.

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