Que difícil es, en un mundo donde nadie camina a tu ritmo,
donde nadie moldea su rostro para agradar al tuyo, donde nadie habla para el
volumen de tus oídos, donde nadie se inclina a tu altura, o se espiga hacia ti,
sentirse cómodo, y más aún cuando uno realiza tal esfuerzo, sin respuesta.
Entonces, me pregunto si acaso no soy visto así, y la certeza de ser un estorbo
en tantos lugares, lleva mis pasos lejos de aquellos, lejos de quienes los
habitan, aún con la opción de que aborrezcan mi comportamiento.
Un día de estos, he vuelto a ser aquel joven de algunos años
atrás, cansado de las personas, de su afán por juzgarme, de su afán por añadir
a mi ya enorme lista de defectos, muchos más, que por lo demás aborrezco, que
prefieran contar el único lamento levantado en el día, en lugar de las risas,
sonrisas y canciones que he lanzado hacia el viento, para el bien de todos
además de el mío. Si las personas tuviesen esa presteza que poseen para juzgar,
en ayudar a quien lo necesita, en empatizar para decir lo adecuado, o para
simplemente guardar el silencio adecuado, seríamos entonces todos más felices,
siendo igual o más distintos de lo que ya somos.
Si no estuviese tan cansado de sentirme solo, tomaría ruta
al lugar donde me perdí hace tantos años... por tanto tiempo…

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