La paz es aquel
valor relativo al que todos aspiramos, para quien ha vivido en guerra la paz
llega a ser el cese de las armas, para quien convive con la voracidad de las
ciudades modernas será encontrar el silencio y conectarse con la tierra, para
quien vive labrando la tierra será la certeza de una cosecha generosa al final
de la estación.
Todos queremos alcanzarla aunque sabemos que se irá
volátil de entre nuestras manos, pero incluso sabiendo que nunca llegaremos a
tenerla realmente, la buscamos.
A la paz la precede la calma, y la calma una sensación
incluso tenue de decisiones y de libertad, si bien no podremos hacer siempre
aquello que queremos, todos deberíamos aspirar a no hacer aquello que no
queremos, en ese sentido ocupar nuestros días en calma, dedicándonos a
cualquier cosa que nos suponga bienestar, es una forma de triunfo.
Pero las batallas por sí mismas no tienen sentido
alguno, ni aún el triunfo llega a justificarlas, es solo la convicción de los
valores con los que nos conducimos la justificación en sí misma, si buscáramos
un propósito posterior en todo esto, sería inútil.
Nacemos en este mundo, y día tras día vamos construyendo nuestra propia versión de él, tratamos de entender lo que nos rodea sumando pequeños momentos de razón y calma, buscamos estar cerca de algo, anhelamos sentirnos cerca de alguien… y en eso se nos puede ir la vida. Debiésemos aspirar a hacer de nuestros días algo mejor.
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