domingo, 27 de septiembre de 2020

Fatigas del querer I [7/6/19]

Y tan fácilmente los esfuerzos del amor suelen traducirse e interpretarse de forma errónea, de transmitirse infructuosamente.

Deslizándose el uno contra el otro como placas tectónicas, en un baile confuso como el de murallas que trepan sobre sí mismas, vamos dejando suspiros, huellas y rodillas rotas de tanto andar, la sensación de haber vivido algo en otra vida se confunde con la sensación de nunca llegar a vivirlo, y luego solo recordamos nuestro corazón agitado, la salinidad de las lágrimas y el azote del sol por la mañana escurriendo sobre nuestras ventanas.

Las emociones se acumulan entre un buzón de mensajes y libros que ya no vuelven a ser ordenados, las conversaciones y sus argumentos se difuminan entre el deseo sexual, un desayuno que se vuelve solitario y los nombres de ambos, que se llaman una y otra vez.

El ayer se pierde en el horizonte, el mañana es arena sobre el viento, y la vista de ese paisaje nos lleva a ese estado febril y las fatigas del querer.

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