lunes, 13 de abril de 2020

Estado Actual II


Después de pensarlo mucho, se me hizo hasta difícil entender por qué llevaba tantos días enfocado en lo que he perdido, sin tener un mínimo de conciencia sobre aquello que he ganado, sobre las capacidades que he desarrollado, entre las cuales y por sobre todas las demás encontré la de valorar las cosas que vivo en el preciso momento, y disfrutarlas en consecuencia, es algo que tomó mucho tiempo conseguir, y no quisiera dejarlo ir.

A medida que han pasado los días, ha surgido el anhelo de recuperar o volver a vivir ciertas cosas que en su preciso momento me hicieron sentir tan feliz y conforme, que podía terminar el día con ganas de volver a vivirlo sin cambiarle nada.

Extraño salir a caminar por las tardes o noches, subir el cerro Ñielol, llegar hasta la parte alta del San Cristóbal o visitar algún parque de Santiago (que a pesar de que nunca me va a encantar, hay partes de él que me agradan) y recorrer algún parque nacional, pero por sobre todo, extraño los regresos.

Cuando luego de muchas vueltas regresaba andando o a través del transporte público hacia mi casa, hacia la calidez de un hogar, la certeza de comer algo y de encontrar gente querida, sentía una confianza en el día a día difícil de explicar, y luego, cuando esas salidas dejaron de ser solitarias, y encontré una compañía infinitamente valiosa, los viajes reflexivos (y siempre en silencio) se empezaron a intercalar con carcajadas (además de risas que en rigor nunca terminan) y conversaciones en las que no paraba de hablar.

Todo eso constituye una especie de descubrimiento: Finalmente encontré la forma de disfrutar el día a día a través de elementos sencillos, lo suficientemente sencillos como para poder compartirlos, y lo suficientemente profundos como para no querer olvidarlos.

Quizás, necesitaba poner más atención a mi cuerpo, sus ganas de estar acompañado, los impulsos de abrazar a alguien y el hecho de que desde hace un tiempo dejó de estar completamente alerta y a la defensiva, y volvió a dejar espacio a la confianza, al punto de que podría volver a sentirse cómodo apoyándose en los brazos o los hombros de alguien más, y con la única intención de demostrar mi gratitud.

La peor parte de mí quiso creer que puedo estar aislado para siempre, pero la peor parte de mí jamás ha ganado.

Estos tiempos de aislamiento y soledad me han hecho viajar por tantas partes de mi mente, pero en todas he encontrado la forma de perdonar, y sin que fuese magia, en cosa de algunos días tuve la voluntad y de ser amable incluso con quienes en algún momento olvidaron mi amabilidad, después de todo, tengo que estar a la altura de lo que espero de mi.

Pero no está solo eso, tengo que también que estar a la altura de quien es capaz de preguntarme una y otra vez cómo estoy, cómo me siento y qué estoy dispuesto a hacer si no me siento suficientemente bien, tengo que atesorar todo lo que he vivido, porque en este mundo hay una bondad por la que vale la pena luchar, y personas por las que la pena ser parte de esa bondad.

Que fortuna tan grande es tener personas a las que decir adiós sea tan difícil.

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