domingo, 14 de abril de 2019

Atardeceres y lo amado


Te miro apenas, escondido, como en un escarceo
por temor a que mi alma se duerma en tus ojos
y cuando volteo a encontrarte, tu ya estás ahí,
arropada en suaves rayos de un día que se va.

Y justo cuando ya juega a esconderse el sol,
veo el quiebre de tus labios, que quiero para mi,
que tus ojos se hacen grandes observándome,
y mi pecho que se encoje al volver a sentir.

Tu cabello, que pende como al otoño las hojas
si apenas es por la mañana, en secreto al mundo,
si acaso por las noches, frente a todos y oculto,
como mi persona quiere a la tuya, cada día.

Ahora, incluso mi nombre me suena profundo
por las veces que lo has llamado para mirarme,
y mis brazos, siempre alegres de estar vacíos,
te buscan si te veo, si te encuentro, y te atrapan.

Estos días marcharán lentos, a la forja calma
de la vida nueva que nos ha encontrado
sin saber a dónde, pero estrechamos nuestros pasos
y tal vez algún día también nuestros caminos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario