Solo en lo insondable e inenarrable de la naturaleza he encontrado un atisbo de aquella trascendencia con la que tanto sueño, en cada tallo vibrante por existir, en la brisa susurrante o en la vida de las hojas que agita, lejos de todo lo fatuo, es el entendimiento de un rol meramente participativo dentro de este planeta lo que me hace llegar a la paz.
Con los hombros cargando solamente lo debido, lejos de cualquier construcción arbitraria, la soledad con la que nacemos se disipa, acompañado de cada manifestación de vida, aún más allá de las que alcanzamos a conocer, nuestra alma encuentra un hogar sin saber de paredes.
Llamando a esa eternidad es que anoche he vuelto a soñar con los campos
eternos, cuyo final se pierde más allá de la vista humana, entre ondeos
infinitos de montañas y cerros, cubiertos de un manto verde, ensombrecido entre
hojas colgantes que se tornan cobrizas cuando el atardecer las abraza, junto a
mis emociones más sinceras, donde la plenitud de mis sentidos los hizo
irreemplazables, indelebles, y las caricias del viento y sus aromas me
enamoraron como nada volvería a hacerlo, y fui llevado a las mayores
respuestas, aquellas que se me perdieron cuando fui arrancado de aquel sueño y
me atrapó el desarraigo.
Wn, esta muy bueno el texto ty plasma muy bien lo que conversamos. Muchas gracias por compartir esto.
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