Sobre la pequeñez de aquellas manos, y la inocencia de
cierta carcajada, sobre la caída de una lejana cabellera y la calidez de ese
abrazo diario, olvidé la última vez que pensé al respecto, e ignoré la
seguridad de no volver a hacerlo, recordé los colores que ya no veo, y los
silencios que se han perdido, llegué al punto de desconocer las vidas que
alguna vez disfruté, ahora que lo pienso, estuve perdiendo toda belleza frente
a la vida, había estrechado mi paleta de colores, vivía en un monocromo,
danzaba ante un monocorde insufrible, pero, por fortuna, aunque hubo algunos
nombres que debí olvidar… el mío sigue siendo mi propia ruta a la felicidad…
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