¿Por qué debería confiar en algo que ha fallado una y otra
vez?, en algunos casos, en sencillo, si al cruzar un puente este se va abajo
junto a todos quienes lo transitan, la evidencia nos impedirá, por dementes que
estemos, caminar sobre él, puesto que simplemente no existirá, habrá muerto.
Sin embargo, ¿Tiene alguien opción más que vivir en su mismo hogar, aunque este
filtre por su cielo desgarrado el agua y el frío en los tiempos de crudeza?,
quien pueda decir que sí, profundamente bendito es, principalmente, de tiempo.
Ahora bien, respecto a lo mismo, más allá de las personas puntuales, cuya falla
y fracaso debiesen implicar una determinación rigurosa y muchas veces difícil
de aplicar, ¿Qué pasa respecto al ser humano?, ¿Por qué debiese confiar una y
otra vez en él, por más que me falle, por más que parte de mi instinto empiece
a decir “déjalo ya”?.
Nacer con la necesidad de encontrar tu espacio en el mundo,
y buscarlo junto a las personas, crecer convenciéndose de que no existe, creer
encontrarlo, verlo derrumbarse junto a la “humanidad” de sus miembros,
convencerse de que el propio lugar y hogar es uno mismo, y al final, descartar
todo… llegando a pensar incluso “Ordena y apaga todo, nos vamos”.
Sin embargo, así como es totalmente impropio de una persona
sensata insistir sobre lo que definitivamente fracasará, comportarse socialmente
asociando el concepto de “humanos” a cada persona nueva, según lo vivido, casi
de forma Pavloviana, parece igualmente estúpido. Lo único que esperaría es equivocarme con más frecuencia, a
través de sorpresas positivas.

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