lunes, 1 de marzo de 2021

Estado Actual V: Volver a vivir

Siendo honesto, todavía tengo ese recuerdo de mi último invierno normal, caminando solo por las noches de Santiago escuchando a Jeff Buckley o Aimer, ignorando el frío o la hora, y el cómo llegué al verano posterior entre noches cambiantes, escuchando Ocean Alley o Aqualina mientras me tiraba en alguna plaza o parque, o caminando acompañado hasta que me fallaran las piernas de tanto reírme.

Hace un año se cerró ese ciclo de tranquilidad y bienestar, Marzo trajo consigo una noticia decepcionante tras otra, a veces sentía que la vida me estaba cobrando los buenos momentos que el verano me había dejado, al punto de perder las ganas de vivir o volver a intentar hacerlo.

En la distancia de aquellos días puedo contemplar como todo se fue alejando, a veces luego de venirse abajo, o simplemente arrastrado por la corriente del tiempo y su indiferencia frente a los deseos de cada uno. Por los días en los que gradualmente lo sentí, y el dolor inconmensurable que me trajo, a veces sigo teniendo algo de ira contenida.

No deberíamos someternos completamente a nuestras circunstancias, si nos limitamos a definirnos por ellas no habremos hecho nada desde la plena voluntad, sin embargo, estamos tremendamente condicionados por nuestra naturaleza. Cuando algo excede nuestras capacidades no es extraño que comencemos a sufrir, pasa cada vez que queremos hacer más de lo que podemos y no somos capaces de aceptar aquello que no puede ser cambiado (la aceptación es un acto de capacidades además de voluntades).

Probablemente uno de mis grandes defectos es la facilidad con la que desprecio todo aquello que tiene un final indeseado, si fuese capaz de solo decir “Adiós y gracias por lo aprendido”, en lugar de enfocarme en concluir si algo valió la pena o no, mi vida sería mucho más fácil, en especial porque al final del día la lista de cosas que no valen la pena siempre es grande.

En estos tiempos, lejano de la ciudad en la que tomó forma mi personalidad actual y limitado entre cuarentenas e incertidumbres suelo tener el anhelo de aquellos días felices, suelo pensar en volver a esos días hasta que recuerdo el camino que tomó cada uno de sus elementos, suelo entender que con el conocimiento que tengo ahora hay muchas cosas de las que no podría disfrutar.

Andrew Solomon dice que uno de los síntomas comunes de la depresión es sentir que por fin estas viendo las cosas como realmente son, que por fin estás viendo “la verdad”, pero que no tenemos que olvidarnos de que “la verdad miente”. Por eso, el que este escenario mental se haya vuelto importante para definir con quién permanecer, de quién alejarse o a quién reubicar, es algo que me preocupa profundamente, aunque no intente impedirlo.

Desde el tiempo y la distancia el deseo de volver a hacer cosas y tener ciertas vivencias está volviendo a mí muy de a poco, recorrer las calles de una ciudad capital en tardes de sol agradable, volver caminando a casa luego de una fiesta en plena noche, ir al gimnasio, jugar fútbol, tomar el metro después de conocer un parque, tomar helado hasta hartarme, tener alguien a quien abrazar, recuperar la capacidad de confiar y compartir con naturalidad.

Cuando todo vuelva a ser normal, aunque sea una normalidad nueva, cuando yo también recupere esa normalidad, definitivamente quiero volver a vivir.

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